- Urcelay, J. (2026). Cómo la Inteligencia Artificial cambiará nuestras vidas. El mundo que viene. Autoedición Amazon.
- Gerwin, Robert. (1967). Autómatas inteligentes. Del viejo robot al cerebro electrónico. Ed. Daimon.
- Vöss. (1985). Introducción a la Inteligencia Artificial. Un libro de Data Becker. Ed. Ferre Moret.
- Castelfranchi, Yurij y Stock, Oliviero (2002). Máquinas como nosotros. El desafío de la inteligencia artificial. Acento,
Cada vez que viene alguien a presentar un título en nuestra casa la dedicatoria que le pido en el libro que nos deja no es para mí sino para "los habitantes de Casa Melchor".
A los libros hay que tratarlos como a los muebles o a los electrodomésticos
o, mejor aún, como a los armarios empotrados o las chimeneas. Esas cosas que se instalan un día y ya nunca se van.
Hay libros personales y bastante personales, no lo niego, pero,
en mi muy discutible opinión,
superar esa fase más infantil que podríamos llamar de coleccionismo egocéntrico es algo, simplemente, liberador.
Una buena biblioteca personal tiene mucho mérito.
Más aún lo tiene crear una biblioteca familiar.
Pero para mí la biblioteca ideal, en las civilizaciones sedentarias, sería "la de la casa".
Que es la tuya, y la de tu familia, y la de los ancestros y la de los que vendrán.
El mejor ex-libris que conozco es el que reza "Este libro sirve a... ".
Se mire como se mire ese es el punto de vista correcto.
Los libros, a nada que hayan sido fabricados con un poco de cariño, duran más que la gente, así que esos sellos y etiquetas ampulosas que dicen que este libro "pertenece a Fulanito de Tal" son, en el mejor de los casos, inciertos.
Los libros no nos pertenecen.
El mundo moderno se fundamenta, entre otras cosas, en una visión exagerada del concepto de propiedad privada. Y así nos va.
Porque tú puedes leer un libro como si fuera una carta personal, pero no lo es.
Y si no lo es no tienes un derecho absoluto ni exclusivo ni excluyente. Los libros están a nuestro servicio y cumplen su misión sirviendo.
Así que a no ser que estés planeando para el fin de tus días que ardan tus despojos, junto con tus libros, en un funeral vikingo, sé un poco más desprendido y piensa, de vez en cuando...
qué pasará con ellos cuando no te los lleves al otro barrio.
Dicen que el saber no ocupa lugar.
Es la típica frase que tarde o temprano siempre se me escapa cada vez que hago un viaje a por libros, o cuando me dedico a montar o a desmontar una feria.
Los libros ocupan, y pesan.
No se hacen ustedes a la idea de lo contentos que nos ponemos los libreros cada vez que vendemos un libro grande.
Da igual que sea malo, barato o infame.
Si era grande ha sido una buena venta. Porque el espacio que deja un mamotreto es lo más precioso en una librería de viejo.
Dicho esto, el tamaño de una biblioteca ¿importa tanto como parece?
¿es mejor una biblioteca cuanto más extensa?
La respuesta parece obvia, porque todos, al menos todos los libreros, hemos visto grandes bibliotecas pequeñitas y enormes bibliotecas mediocres.
El número de estanterías, a menudo lo que revela es una de estas tres cosas:
o la edad del bibliófilo,
o las cifras de su cuenta corriente,
o una señalada ambición y amor propio.
A la hora de construir tu gran biblioteca no pienses -demasiado- en hasta dónde llegará.
Disfruta de cada paso, de cada balda y ya se verá.
Una conversación de sobremesa con amigos en casa, un tema que surge, un autor que se menciona...
Y llegados a ese punto el placer de levantarse diciendo "un momento", y volver enseguida con un libro en la mano como convidando a la mesa a un poeta muerto. Para resucitar su voz impresa desde otros países, quizás otros siglos.
¿No te gustaría tener una biblioteca así?
¿Cómo será para ello mejor ordenar los libros? ¿Por tamaños? ¿Por temas? ¿Por orden de entrada? ¿Separando los leídos y los no leídos? ¿Por colores?...
La respuesta es que da lo mismo.
¿Quiere eso decir que da igual que estén ordenados que desordenados?
¡No!
Quiere decir que da lo mismo el sistema que se elija. Pero es preciso elegir un sistema.
Y una vez elegido hay que ir a muerte con él.
Porque la única finalidad de ordenar los libros es encontrar ese libro que se necesita en el momento en que se necesita. Nada más.
Olvida cualquier otro criterio, olvida la estética y olvida, por supuesto, el desorden.
El programa "Construye una gran biblioteca" está pensado para eso, para encontrar tus libros cuando los necesites.
Dentro de unos días explicaremos todos los detalles.
Por ahora te diré que empezará el 1 de octubre y que durará tres meses.
Es posible que te interese.
¿Crees que hace falta ser un lord inglés para poder pronunciar esa frase? Yo pienso que no. Y tengo la impresión de que estás más cerca de lo que crees de poder decirla con una sonrisa.
Para empezar estás leyendo estos correos y eso, créeme, ya te pone muy por encima de la media.
Mientras tanto no nos engañemos ¿llamarías biblioteca al montón de libros que tienes en casa?
A lo mejor resulta que tu problema es que tienes varias bibliotecas, o demasiados montones, o que la cosa ha crecido tanto que se ha salido de quicio. Aquí el plural importa mucho porque el número de pilas en las que se reúnen nuestros libros, o la cantidad de estancias en las que hay libros, es un primer dato a tener en cuenta para hacer un buen diagnóstico de la situación.
Eso es lo primero de todo que ha de entender un amante compulsivo de los libros. Que la construcción de una gran biblioteca no se podrá lograr sin una buena dosis de realismo.
Quiero a mis libros pero más a la realidad. Una realidad que, conociéndola, nos permitirá poner orden donde hay desorden, propósito donde hay dispersión; y personalidad donde sólo hay manchas borrosas.
Responde a este correo si quieres, cuéntamelo, o si lo prefieres investiga para tu propia información: ¿cuántos libros tienes en casa?
En este mundo del usar y tirar, de la explotación utilitarista de las cosas parece que conservar libros ya leídos es ir contracorriente. Y lo es. Pero tengamos en cuenta varias cosas:
No todos los libros que hemos leído están leídos del todo o bien leídos. ¿Cuántas lecturas, en cuántos momentos anímicos distintos, admite un clásico o cualquier otro libro? Y es que los libros, en especial los más literarios, son como un caleidoscopio que se adapta a nuestra edad, gustos y circunstancias cambiantes en el tiempo. La relectura es un arte.
No solo guardamos libros ya leídos. Guardamos aquellos que son libros de consulta o referencia que son para leer a trocitos. Y es que además guardamos libros que no leeremos nunca. Tal vez porque son libros que estamos custodiando para otras personas, para nuestros amigos, hijos o nietos. O por si acaso. Porque intuimos que un día nos podrían ser de gran utilidad.
También guardamos libros por puro placer estético, porque nos gusta su encuadernación, o sus láminas o grabados.
Guardamos otros libros porque llevan anotaciones, firmas, dedicatorias. Porque son parte de nuestra vida, porque fueron regalos recibidos en momentos clave. Porque todos juntos constituyen nuestra auténtica huella de carbono.
¿Y tú, cuál es el libro más raro que conservas?
Decíamos ayer que nuestros libros son nuestra más auténtica huella de carbono, una peculiar masa de celulosa que ha seguido pacientemente nuestros pasos para contar con detalle nuestra biografía.
Como librero he visto muchas bibliotecas personales y puedo asegurar que si se estudian a fondo los libros que guarda una persona, su disposición, anotaciones, papelitos perdidos y otros extras, se puede llegar a saber de ella más que lo que sabe de sí misma.
Una biblioteca personal guarda regalos que nos hablan de edades, modas y amistades. Libros heredados que cuentan orígenes y ascendencias. Libros infantiles y juveniles que crearon o marcaron vocaciones. Otros libros que recorren, año a año, trabajos, aficiones, viajes e intereses. Sumen a eso todas esas cosas que percibe el ojo del buen librero como el trato dado a los libros, el desgaste mayor o menor de sus páginas, los subrayados y anotaciones, los marcapáginas improvisados, las fotos y flores prensadas en el lugar adecuado. Con apenas unos minutos de observación atenta es posible establecer una perfecta ficha policial del interesado. Nada que no pudieran hacer Holmes, Poirot o Maigret.
Nuestra biblioteca, cuando está viva y cuidada, es para nosotros mismos un espejo biográfico. Una buena biblioteca sirve para muchas cosas pero su mayor utilidad es obedecer a la primera máxima de la filosofía socrática: "Conócete a tí mismo".
La pila de libros tiene mala prensa, esa es la realidad. De hecho si se les llamara siempre pila podría asociarse a algo tan positivo como una reserva de energía. Se les suele llamar montón. Una pila de libros, especialmente varias pilas de libros, se asocian generalmente a desorden y a acumulación compulsiva. Y sin embargo no tiene por qué. Esa generalización no es justa porque apilar es una honorable forma de almacenamiento de libros que, en determinadas circunstancias, puede ser perfectamente equiparable al clásico depósito vertical de los libros por estanterías.
Al fin y al cabo, desde que se inventó el libro tipo códice (antes de eso los libros iban enrollados) ¿qué es un libro sino una pila de hojas? ¿O qué es una biblia sobre una mesa sino un montón de libros?
Las pilas de libros, ordenadas por ejemplo por temas, o por autores sirven para mostrar de una manera didáctica qué es lo que hay de cada cosa.
Cuando no adquieren una altura desmesurada son más estables que los libros puestos de pie.
Pueden ser un elemento decorativo cuando muestran arriba una bella cubierta y en los laterales algunos cortes dorados o decorados.
Elevándose un poco más pueden tener en ocasiones forma de columna salomónica.
Son también la mejor manera de dejar a la vista los libros pendientes, esos fieles libros que esperan su turno en la mesilla de noche.
Y son, en fin, el método ideal para prensar bellas flores y plantas. Todo son ventajas.
Sirva este elogio del montón de libros para abrir un poco la mente. No digo que sea el método ideal. Sólo digo que podría servir. Y que a la hora de crear una gran biblioteca hemos de atender todas las posibilidades. Sin prejuicios.
Sí, una gran biblioteca también se construye quitando libros de la misma. Sé que resulta difícil de explicar esta increíble paradoja pero créame, es posible. El expurgo en la biblioteca es como la poda en el huerto. Claro que, siguiendo con el símil, para que el huerto no se arruine es preciso tener algunos conocimientos sobre qué podar, qué descartar, qué vender, qué regalar o qué trasladar. Y todo esto que vale para los tomates sirve también para los libros.
Antonio es un cliente que ama los libros, hace unos días respondió a una de estas "cartas" y lo explicó -mejor que nadie- de esta forma:
"Con el paso del tiempo, mi biblioteca no solo no ha aumentado, sino que ha sufrido la sangría de las circunstanciales inclemencias de su tiempo (espacio, agobio económico...). Circunstancias todas ellas que en abundantes ocasiones han desencadenado de forma obligatoria en un sano espurgo, y, en otras, en múltiples donaciones generosas y altruistas. Y, aún así, purificándose y dándose, mi biblioteca cada vez es más grande y, a la vez, más antigua y más nueva. ELLA ES LA MEJOR DE MIS BIOGRAFIAS."
¡Cosas misteriosas que tienen las bibliotecas personales!
Por cierto, si quieres que te cuente en qué consiste el programa CONSTRUYE UNA GRAN BIBLIOTECA pincha aquí y agenda una llamada.
Todos mis respetos si tu aspiración es la de construir una biblioteca familiar. Eso es algo mucho más complicado que hacerse para uno mismo su propia biblioteca particular.
Decir familia es hablar del paso de las generaciones, de libros heredados, de la transmisión -o no- de los intereses personales. Y también de las complicaciones del día a día, de la "desaparición" de libros y del reparto de los mismos por toda la casa. Y de la invención de todo un conjunto de normas posibles de difícil aplicación.
Es difícil, pero cuando eso se logra, cuando hay en una casa un respeto general por los libros y la conciencia de estar construyendo todos juntos algo más que pequeñas estanterías individualistas es maravilloso. Porque entonces todos ganan y todos crecen.
Está demostrado que el mero hecho de crecer en una casa con libros multiplica las posibilidades de éxito escolar en los niños. Tiene su lógica. Y si eso sucede cuando simplemente HAY libros imaginen qué pasará cuando lo que hay es una verdadera biblioteca familiar.
Si quieres construir una gran biblioteca -particular o familiar- y no sabes por dónde empezar. Si crees que podría interesarte nuestro programa "Contruye Una Gran Biblioteca" agenda una llamada sin compromiso y te lo cuento.
Boletín 129 de Libros con Historia. 27AGO26
¡Hola, amigos de los libros!

Cada vez dejamos más decisiones en manos de un algoritmo: qué noticia leer, qué película ver, qué canción escuchar o incluso qué libro comprar. No es una buena idea.
Los duendes de internet conocen nuestros últimos clics pero no nos conocen. No tienen ni idea de los sentimientos que despierta aquel libro que nos regaló nuestro padre, de los libros decisivos de aquel verano decisivo, de las obras que nos gustaría dejar a nuestros hijos.
Construir una biblioteca personal basándose en recomendaciones automáticas es absurdo. Se construye con tiempo, criterio y memoria. Por eso cada biblioteca es diferente, única, inimitable e intransferible.
Nuestro historial de navegación no nos representa. No se asoma, ni de lejos, a las intenciones de nuestra alma.
Echa un vistazo a tus estanterías y pregúntate: ¿esta biblioteca cuenta realmente quién soy? Nuestro programa "Construye Una Gran Biblioteca" está pensado para que la respuesta sea SÍ.
Si crees que podría interesarte agenda una llamada sin compromiso y te lo cuento.
Una biblioteca personal se construye eligiendo libros. Claro que si no fueras tú quien los elige... ¿se podría llamar biblioteca personal?
El mundo no quiere que leas nada mas que los anuncios y el guasap. Y además, cuando lees, siempre hay alguien o algo que quiere decidir por tí qué es lo que debes leer: las novedades editoriales, las listas de superventas, las recomendaciones de los algoritmos, las modas, los intereses ideológicos...
En medio de todo ese ruido una biblioteca personal es un espacio de libertad. En ella conservamos los libros que nos han formado, los autores que forman parte de nuestra vida, las ideas que compartimos y otras ideas, que aunque puedan estar en nuestras antípodas, nos interesa conocer.
Una gran biblioteca es la historia de nuestra atención, el resultado de aquello a lo que hemos decidido dedicar algo de nuestro tiempo y nuestra vida. Por eso es tan difícil transmitir una biblioteca.
Dime la verdad, de esos libros que tienes en casa ¿cuántos son realmente tus libros?
Si crees que podría interesarte nuestro programa agenda una llamada sin compromiso y te lo cuento.



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