24 de junio de 2026

Por qué son mejores los libros antiguos (en general)


La cuestión es que antes había una serie de filtros que ahora ya no existen. Un libro era un milagro, el resultado de un esfuerzo ímprobo. Dar a luz uno nuevo era siempre digno de respeto. Aunque fuera para quemarlo, o prohibirlo, o fusilarlo, porque así de seriamente se trataba el invento. Un libro era una cosa seria, un arma de construcción masiva, un enemigo poderoso o un amigo decisivo. 

Antes de Gutenberg el primer y máximo filtro era el arte de la copia manuscrita. Hacía falta mucho tiempo y muchas ganas para hacerse con una copia. Por eso no se copiaban tonterías. Y los abades y los obispos o los rectores universitarios tenían una selecta colección de "ejemplares", es decir, de libros-modelo de los cuales se copiaba a los sabios con garantía de autenticidad. Al final hemos acabado llamando "ejemplar" a cualquier libraco hermano de cincuenta mil clones. Pero en aquel entonces un ejemplar era algo único, como un cerebro embalsamado. 

Todo cambió en 1455. La posibilidad de tener en la mano decenas, cientos o hasta miles de copias de un libro obligó a construir un entramado de obstáculos formado por: 

. censura previa realizada por un estudioso; 

. parecer, juicio, informe o aprobación de la autoridad religiosa o de la academia; 

. licencia del poder civil; 

. privilegio como "copyright" primitivo, para proteger los derechos del impresor o editor durante un tiempo; 

. tasa, para evitar precios abusivos; 

. fe de erratas, para garantizar la fidelidad al manuscrito original

. las listas de suscriptores, antiguo crowfunding para respaldar una obra importante

. las dedicatorias al mecenas de turno, noble, obispo o sabio que accedía a amparar la tarea del escritor, 

. el índice de la Santa Inquisición... 

Libro que carecía de uno o dos de estos requisitos, libro que amanecía cojo y segundón. 

Con las revoluciones liberales la libertad de imprenta se hizo realidad y de golpe y porrazo -incluyendo los porrazos de los períodos dictatoriales que volvían a introducir cada dos por tres censura previa según el capricho del gobierno- se fueron eliminando todos y casi todos los filtros. 

Quedaron en las sacristías el "nihil obstat" y el "imprimatur" para los libros religiosos. Y el sello editorial y el prestigio del prologuista para los demás. Poco más. 

Ahora mismo la situación permite que sin traba alguna, y por precios irrisorios, se publique toda clase de basura. Cualquier pirado con un poquito de dinero en la cartera puede plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. O, peor aún, hacer que se lo escriba la IA, para consumo de gente sin criterio. 

A toro pasado siempre podrá haber un juez para condenar los casos de plagio, de difamación, de revelación de secretos, de siembra de odios inconfesables... ¿Pero quién nos resarcirá de las malas lecturas? ¿Quién nos indemnizará por el tiempo perdido en la lectura de versos infames? ¿Quién nos devolverá la tranquilidad perdida que nos arrebataron títulos alarmistas? 

De momento la antigüedad, que es un grado, nos garantiza que estamos leyendo cosas escritas por seres humanos acompañados. Por eso y solo por eso siempre será mejor (en general) un libro antiguo. ¿Pero qué pasará con los libros del inmediato futuro? Necesitamos con urgencia gente que nos ayude a separar el trigo de la paja. Necesitamos libreros. 



8 de junio de 2026

Aquellos viejos catálogos


Existió -y en cierto modo existe todavía- un género literario, un tipo de libros, que eran los catálogos de las librerías de viejo. 

Cuando empecé en este negocio, a finales del siglo pasado, aquellos catálogos estaban todavía en su apogeo... sin sospechar que iban a morir en cuestión de meses. Yo hice tres. 

Aquellos libros de libros, cuidados repertorios bibliográficos redactados en el argot bibliófilo (cuarto, media holandesa con puntas, fatigado, o intonso, o con ex-libris del marqués de las Chimbambas y anotaciones marginales humorísticas en páginas 30 y 40, por ejemplo...) llegaban por correo y se leían con avidez y cierta ansiedad porque todos sabían que dejar para mañana un pedido podía suponer perder ¡para siempre! la oportunidad de poseer el libro soñado.

Mis primeros pedidos llegaron cuando pasaba unos días de vacaciones en Granada. Acababa de estrenar un móvil de alcatel que parecía una alpargata y aquel día pensé que me esperaba la vida padre. Imaginen estar en la playa de Salobreña y que alguien te llame para decirte que, por favor, si no es mucha molestia, le venda y envíe cuando pueda no se cuántos libros. 

Luego la cosa no fue para tanto: también los libreros de viejo tenemos después de todo esa sensación de trabajar el doble y ganar la mitad. 

El caso es que subieron los precios de impresión y correo, fuimos arrollados por las circunstancias y se extendió en todo el ecosistema librario la inmediatez democrática y antirromántica del catálogo puntocom.

Ya no es ahora el capricho -o el ojo clínico- del librero quien crea aquella selección maravillosa que ofrecían los catálogos en papel. Ahora es un frío listado, ordenado por precio total o llegado a sus manos por imposición de algún algoritmo sin corazón. 

Sin embargo aún es posible seguir leyendo nuestros catálogos. Escríbanos a correo@librosconhistoria.es indicando sus temas o autores predilectos: le enviaremos un catálogo personalizado en pdf o, incluso, si lo pide educadamente, en papel, por correo, y con un sello de la catedral de Burgos de 50 pesetas.








5 de junio de 2026

Esos libros antiguos del XIX

Hemos recibido recientemente en la librería un importante lote de libros del siglo XIX. Este tipo de libros, aunque hay mucha variedad de temas y estilos entre ellos, son la opción ideal para quien quiera entrar en el coleccionismo de libros antiguos. Mantienen todo el sabor del libro artesano, con sus guardas al agua, su papel de calidad (más a principios de siglo que en la segunda mitad), sus preciosas encuadernaciones en piel... 

Muchos de estos libros tienen su propia historia, sus anotaciones manuscritas centenarias o marcas o dedicatorias. Otros basan su interés en temas ocultos o tan pasados de moda que resultan el colmo de la originalidad. 

Anímense a descubrir esta parte de nuestro fondo librero. ¡¡En los vídeos no podremos enseñarlos todos!!



3 de junio de 2026

AGENDA. PRÓXIMOS EVENTOS EN URROZ VILLA DEL LIBRO

Sábado 20 y domingo 21 de junio. FERIA DEL LIBRO DE VERANO DE URROZ VILLA DEL LIBRO



Sábado 1 de agosto a domingo 23 de agosto. FERIA DEL LIBRO DE SANTANDER


27, 28, 29 y 30 de agosto V CURSO DE VERANO DE URROZ VILLA DEL LIBRO: LIBROS Y CONVERSACIÓN

  • Jueves y viernes: mesas redondas y cenas-veladas literarias

  • Sábado 29: La pluma y la espada, exhibición de esgrima histórico. Comida y tertulia.

  • Domingo 30: taller literario con Ignacio Lloret


2 de junio de 2026

¿Y si tener una buena biblioteca fuera decisivo?

Siempre se ha dicho que una biblioteca en casa es como una despensa, un polvorín, un elemento esencial en caso de asedio. Sin embargo a la hora de hacer sus mochilas de emergencia de 72 horas pocos son los preparacionistas que hablan de incluir libros entre los mecheros y las pastillas potabilizadoras. 

Construir una gran biblioteca pensando en la futura reconstrucción de la humanidad no es para los que escapan sino para los que de algún modo han decidido resistir, en un bunker, en un monasterio, en las cuevas de Qumran o en el rincón más insospechado. Para los que intuyen que esa vieja enciclopedia que nadie quiere ahora, será otra cosa el día que se vaya la luz. 

Nadie sabe a ciencia cierta qué clase de desastres nos depara el futuro. Tal vez consistan no en un derrumbe sino en una decadencia paulatina e imparable. Es posible que la verdad de lo que será esté ya descrita en alguna novela distópica de ciencia ficción. ¿Serán los libros destruidos por el fuego como en Farenheit 451? ¿Habrá agentes dedicados a comprarlos y escanearlos todos antes de destruirlos? Esto ya ha comenzado a pasar, por cierto, con el argumento de alimentar a la insaciable IA. 

Construyamos grandes bibliotecas, vayamos contracorriente, que cada familia tenga la suya, por lo que pueda pasar. Por si al final se demostrara que esta tendencia de delegar en las máquinas el hábito de pensar es lo que nos está quitando las ganas de vivir.